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Caminos Trillados

PIRINEOS

Por los caminos de frontera

Las fotografías que acompañan a este proyecto corresponden a las travesías transpirenáicas GR10 (vertiente francesa) y GR11 (vertiente española) que realicé a pie, unas veces solo, otras acompañado, durante el mes de julio entre los años 2005 al 2010. La intención primera no fue la fotografía sino el placer de habitar y caminar extensamente por estos hermosos territorios. Más que un fotógrafo que viaja fui su versión menor, la de un viajero que hace fotos, por tanto al no ir en busca de fotografías las que hice tuvieron que cruzarse en mi camino. No son grandes fotografías pero sí ilustran para mi el recuerdo de una gozosa experiencia.

Los Pirineos son una extensa franja de naturaleza en apariencia salvaje pero sin embargo profundamente humanizada. Siendo un espacio grande su escala podríamos considerarla humana en comparación con otros espacios terrestres.

El ser humano ejecuta en él todos sus estadios: recolecta, siembra y sigue depredando. Transforma, conserva y destruye. Pero para todo ello necesita tenerlo a su alcance. Cientos de carreteras y miles de pistas y cercas compartimentan el terreno hasta las mismas cumbres. Lagunas naturales y otras que en realidad son presas pues algún tipo de contención regula su flujo. La fauna apenas es posible considerarla salvaje cuando gran parte de ella está censada y controlada. Las vacas, ovejas y caballos, que en apariencia pastan libremente, están puestos por el hombre. Incontables senderos y señalizaciones nos guían por la parte más humanizada de su ser ocioso. Asentamientos mineros que en algún momento hurgaron sus entrañas para finalmente dejarnos algunos hermosos restos de vida humana. Postes e instalaciones de todas las tensiones atraviesan su espacio de un lado a otro fluyendo así la energía conquistada por los hombres. Bordas y refugios por doquier donde protegerse de todos sus temperamentos, de los más amables a los más temibles. Pueblos, aldeas y casas donde los humanos recuperan las energías gastadas para de nuevo proyectarlas en forma de cultura. Ruinas de todo tipo pero también lugar del presente, con un sinfín de humanidades en ebullición: canteras, pastoreos, estaciones de esqui, balnearios, aserraderos… y también, de forma sutil pero contundente, frontera.

Y todo dejando su huella, a veces superficial, a veces profunda pero aún no absoluta, y donde de forma paradójica, a pesar de todo ese inmenso hormigueo humano pululando por sus valles y crestas, seguimos sintiendo que estamos en lo otro, en la naturaleza, que aún hay lugar para el misterio y la leyenda, que no todo está rebajado a nuestra medida y que su aire todavía puede sonar fuerte.

Estas fotografías ilustran el seguimiento de ese rastro, un rastro fronterizo que era y es el rastro de nuestras pisadas pero sobretodo el de nuestra huella, nuestra (para lo bueno y para lo malo) profunda huella.

 

2017  ©  José Ortuño    /   Aviso legal